Esperando a los bárbaros
El presidente de los EE.UU acaba de hacer una afirmación tan sincera como auténticamente escandalosa: Yo no necesito el derecho internacional.
Aquí no se habla ya el lenguaje del derecho. Se habla el lenguaje del poder. De un poder que, en ausencia de reglas, llega hasta donde llegue su fuerza con la espada (Venezuela) o con la cartera (Groenlandia).
Es la vuelta al estado salvaje.
